Familias marroquíes siguen sin noticias de sus seres queridos que se fueron a Ceuta
En la ciudad marroquí de Castillejos, aferradas a una valla que impide el acceso al mar y a la frontera, unas treinta personas esperan este domingo noticias de sus seres queridos que cruzaron ilegalmente al enclave español de Ceuta.
Abdellatif, jornalero agrícola de Moulay Bousselham, a unos 200 km de Castillejos, está muerto de preocupación por su hermano pequeño de 17 años, que el jueves se lanzó al agua con dos amigos para intentar llegar a Ceuta a nado.
Más de 60.000 personas han logrado llegar al enclave en los últimos días, pero casi todas han sido devueltas a Castillejos, donde unos autocares se encargan de llevarlas de regreso a sus hogares.
Las autoridades españolas han contabilizado al menos 72 muertos, pero según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), el balance asciende a "cerca de 130 víctimas", con "decenas de desaparecidos".
"Dos amigos de mi hermano me llamaron el viernes para decirme que se habían marchado la víspera, pero que él sufrió un desgarro muscular mientras nadaban y se separaron", cuenta a la AFP este obrero de 27 años.
Se pregunta si su hermano menor "sigue vivo", porque sus compañeros han regresado.
- Miedo a "volver sin él" -
"Mi temor es volver sin él, no entiendo por qué hizo eso y no entiendo el silencio de las autoridades", añade Abdellatif, que no dio su apellido.
Está furioso contra un gobierno que debería, según él, "concienciar a los jóvenes sobre los peligros de la migración irregular" frente a "los estragos de las redes sociales".
Porque la avalancha migratoria partió de un rumor que aseguraba que la frontera estaba abierta, alimentado por imágenes de jóvenes que hacían la V de la victoria a su llegada a Ceuta.
Cerca de la valla, los familiares muestran fotos en sus teléfonos móviles a los que regresan del enclave español.
Una madre se tranquiliza, alguien dice haber reconocido a su hijo, el sábado en Ceuta.
Pero Rachida Mamakh, de 48 años, con los ojos enrojecidos de tanto llorar, pregunta en vano a cada transeúnte en busca de noticias de Zuhair, su hijo de 23 años.
Él la llamó el jueves diciendo que había aparcado su moto en Castillejos y que había llegado a Ceuta, pero "desde entonces no contesta".
"Ruego a Dios que vuelva sano y salvo", dice Mamakh, quien llegó la noche del jueves desde Fez, a más de cinco horas en coche hacia el sur.
Ella también pide a las autoridades y al rey Mohamed VI que hagan "lo imposible para traer de vuelta" a los jóvenes.
Zuhair tiene el bachillerato pero está en paro. Había aprendido alemán en un colegio privado y, aunque la situación de la familia es "aceptable" gracias a que su padre es taxista, "soñaba con irse a Alemania para tener una vida mejor", cuenta la madre.
- "No pude soportarlo" -
Fadoua Allam, que vive en Castillejos, pasó el susto de su vida cuando, al volver al amanecer del viernes de su trabajo como camarera en un servicio de catering para eventos, no encontró a sus dos hijos en casa: su hija de 13 años y su hijo menor de 8.
"No pude soportarlo, fui enseguida a tirarme al mar para buscarlos" a Ceuta, cuenta esta viuda de 42 años, que encontró a su hija en un centro de acogida, pero no al pequeño.
Mientras tanto, a él lo habían devuelto a Castillejos, pero ella, agotada e "incapaz de caminar", se quedó "a pasar la noche en casa de una amiga" en el enclave.
Al borde de las lágrimas, Mohamed, un fontanero de 27 años, está angustiado por dos primos de 18 y 22 años.
La última vez que habló con ellos por teléfono, este hombre originario de Ifrán, a 460 km al sur de Castillejos, les dijo que "se entregaran a las autoridades para ser repatriados", pero no ha sabido "nada más" desde aquella llamada en la noche del jueves.
Por eso se puso en camino para ir a buscarlos a la frontera.
Al igual que el resto de su familia, no se explica su decisión, ya que "sus padres tienen tierras de cultivo y viven bien".
A. Williams--BTZ